Susana es una docente de 55 años. En la consulta con su terapeuta cuenta que, cuando regresa del trabajo y se topa con varios semáforos en rojo se aterroriza ¿El motivo? Que cuando llega tarde a su casa su marido empieza a cuestionarla y se pone agresivo. Por eso tampoco comparte nunca una charla con sus compañeros de trabajo cuando termina la jornada. Siempre está apurada por llegar a tiempo al hogar.

“El caso de Susana es uno entre tantos que ocasionan sufrimiento tanto a quienes padecen por los celos de su pareja o por los propios”, destaca la psicóloga María Eugenia Farhat, integrante del Círculo Cognitivo del Jardín.

Los psicólogos españoles Enrique Echeburúa Odriozola y Javier Fernández Montalvo, en su libro “Celos en la pareja: una emoción destructiva. Un enfoque clínico”, los definen como “un sentimiento o emoción que surge como consecuencia de un exagerado afán de poseer algo de forma exclusiva y cuya base es la infidelidad -real o imaginaria- de la persona amada”.

“Por lo tanto -destaca Farhat- los celos se relacionan con la necesidad de poseer y asegurarse a la persona objeto amada/o, de lo cual se deduce que la persona que siente celos también siente inseguridad, una amenaza constante de perder a quien ama y una necesidad de poseerlo”.

La psicóloga, especialista en terapia cognitiva, apela a una imagen muy gráfica para explicar la situación: “la persona insegura se percibe como un queso gruyere, llena de agujeros, de faltas, de falencias, que busca llenar constantemente con eso que le demanda al otro”. Entonces el otro queda en un lugar en el que es una especie de objeto que completa al inseguro. Y este, a su vez, lo controla para no perderlo.

Otro enfoque
Por otra parte, los psicólogos evolucionistas David Buss y David Schmitt, de Estados Unidos, realizaron una investigación de la cual dedujeron que los celos son “estrategias de afrontamiento que permiten mantener y consolidar las parejas”. Para ellos, los celos son parte de la naturaleza humana y son tomados como una respuesta emocional que busca proteger lo que se quiere. La idea de perder el vínculo (con la pareja, sus amigos, su trabajo, etcétera) los martiriza.

Diversos ámbitos
Farhat agrega que los celos no pertenecen solo al ámbito de las relaciones románticas. “También pueden aparecer a muy temprana edad, por ejemplo con la llegada de un hermano menor”, advierte.

Y, de hecho, cuántas veces hemos escuchado frases como “mi papá siempre prefirió a mi hermano” o “mi mamá fue sumamente injusta porque él (o ella) era su preferido”.

Algo así es lo que le ocurre a Alberto, de 48 años, otro paciente de Farhat que cela el éxito económico de su hermano. “Me hierve la sangre cada vez que me entero que tiene algún logro o que se compró otra propiedad”. La psicóloga revela que Alberto tiene una rivalidad histórica con su hermano y que siempre lo consideró el preferido de sus padres. “Sin embrago, Alberto logra darse cuenta de estos pensamientos desadaptativos, y de estos sentimientos que lo llenan de bronca y de dolor a la vez, y está intentando cambiarlos. Haber empezado la terapia fue algo, en parte, motivado por el deseo de perdonar internamente a su hermano y de estar bien consigo mismo”, puntualiza Farhat.

Otro caso es Laura, de 45 años, secretaria de una escuela, quien padece los celos de la directora. “Llegó a la consulta luego de una crisis aguda de ansiedad y estrés postraumático, porque se sentía constantemente acosada y maltratada por la directora”, cuenta la psicóloga.

Comentó que la titular del establecimiento hasta llamaba a la casa de Laura y llegó a hablarles mal a sus hijos de ella. “Vale aclarar que Laura posee mucho carisma y éxito social. Los demás docentes, alumnos y padres la quieren, y por tanto muchas veces se dirigen a ella por cualquier consulta. Recibe regalos, cartitas de los chicos, y pareciera ser que esto enfurece a la directora”, precisa la especialista. La situación llegó a tal punto que la directora le inició a su secretaria un sumario. Esto desbordó a Laura quien optó por pedir una licencia y abandonar temporalmente la escuela.

Reconocimiento
¿Qué se hace para combatir los celos? Farhat afirma: “lo primero es querer combatirlos. Reconocerse celoso. Muchas personas llegan a la consulta porque luego de varios episodios de violencia, en celos románticos por ejemplo, la pareja le ha dado el ultimátum de que debía hacer terapia para que se le dé otra oportunidad. Pero la cruda realidad es que si la persona con celos no logra reconocer que tiene un problema, no va a cambiar”.

Si existe esta disposición y voluntad de cambio, empeño y tolerancia, paso siguiente es que las partes se dispongan a comunicarse entre sí.

“Si pensamos que el sentimiento que sobresale en quien cela es la inseguridad y la amenaza, lo lógico sería pensar que si las partes tienen una buena comunicación, esto es, la intención de transmitir al otro cómo me siento, y no culparlo de que es él quien me hace sentir así; y la intención real de entender al otro y ponerme en su lugar, esto hará bajar los niveles de desconfianza y los sentimientos de amenaza de pérdida”, destaca la especialista.

Propiciar el vuelo
Añade que la herramientas para superar el estado de celos pueden ser infinitas y de mayor o menor utilidad, ya que depende el usuario.

“Lo que verdaderamente importa es la intención de crecer y de madurar emocionalmente, y de amar realmente al otro, entendiendo por amar desear cada día de nuestras vidas su felicidad, aceptando que si nos enamoramos de las alas de alguien, debemos propiciar su vuelo”, finaliza Farhat.

Técnicas conductuales
Reestructuración cognitiva.- Se busca que la persona tome conciencia de la irracionalidad de sus pensamientos y aprenda estrategias para eliminarlos y suplirlos por otros más adaptativos. Esto redundará en un mayor control de sus conductas y de sus emociones.

Exposición y prevención de respuesta.- Consiste en hacer que el sujeto se enfrente gradualmente a las situaciones temidas, tanto en su imaginación como en vivo. El objetivo es que la persona celosa, al pensar en dichas situaciones, reviva los sentimientos, incluso con una mayor intensidad y que estos pensamientos pierdan su capacidad evocadora de sentimientos desagradables para que, en última instancia, desaparezcan los sentimientos de celos.